Hay dos mapas en esta blog. En el primero se refleja la ruta hasta Dakar (Senegal). Esta fue la idea inicial, si bien desistí de ello después de leer las recomendaciones del Ministerio de Exteriores en su página web. Queda ahí como algo futurible.
El otro mapa recoge el trazado del recorrido definitivo de este viaje.
La visita a las dunas del Erg Chebbi es algo obligado. Son muchas las sensaciones buenas. Pisar descalzo la finísima arena, ver la salida del sol, viajar a lomos de un camello y viajar por las dunas, dormir en la jaima, recibir el sol de la mañana mientras regresas, los contrastes de colores y sombras en la arena o las cúspides de las dunas, que el viento hace que la arena trace una línea perfecta y sinuosa, como dibujada a mano por un lápiz mágico y caprichoso.
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Como ciclista debería ser más concreto con ciertos aspectos referentes al viaje que acabo de terminar. Particularmente creo que no volvería a Marruecos en bicicleta, salvo que fuese acompañado. Es cierto que soy persona que soporta bastante bien la soledad, tal como he podido demostrarme en viajes similares, pero esta vez se han dado circunstancias que me lo aconsejan así.
Como país me parece interesante pues sus hábitos y costumbres son muy diferentes de las nuestras. Desde ese punto de vista nada que objetar, aconsejable la visita, sin duda. Pero me he encontrado con unos conductores que representan un peligro real sobre cualquier ciclista, mucho más en carretera, en ruta. Cada día era un sin vivir aguantando el claxon de los mas irritados y los adelantamientos a escasos centímetros de mi. La falta de sentido común de estos irresponsables hacía que en algunas ocasiones me sintiera acobardado. Por dos veces me sacaron a propósito de la carretera. Llevo décadas como ciclista y se bien de lo que hablo, no me quejo porque si. Es difícil describir la tensión acumulada a lo largo de los días. Incluso como peatón he podido vivir ese desprecio por cualquier cosa que se mueva por el asfalto y no lleve cuatro ruedas. Los peatones que desean cruzar por un paso marcado para ellos deben ser atrevidos y sortear los vehículos que solo se verán capaces a detenerse cuando la gente invade la calzada. Algo impensable en Europa pero aquí parece ser la cosa más natural del mundo ya que nadie protesta.
De otra parte, en la primera semana de recorrido, el calor resultó excesivo, poco habitual para esa época del año tal como reconocían los del lugar. Fue bastante duro porque había que madrugar mucho para evitar estar expuesto al sol lo máximo posible. Iba tapado por completo y aún así el sol acabó poniendo la piel de mi cara y mis manos muy oscura. Como contraste, el resto de días a partir de Ouarzazate se acabó el calor y por la noches era necesario utilizar una manta.
Sobre la gente tengo sensaciones encontradas. Poco que objetar en realidad. Me pareció un pueblo amable aunque distante. Noté una diferencia grande en la interrelación de ellos conmigo con respecto a la gente de otros países de Europa. La poca comunicación que ha habido la he propiciado yo y casi nunca nadie del lugar tomó la iniciativa. Me extrañó esto porque es frecuente que entre los locales se dispare la curiosidad cuando te ven. Hay que reconocer que alguien que viaja solo, con el esfuerzo físico añadido de pedalear cargado de alforjas siempre suscita esa curiosidad. Es lógico que quieran saber a dónde vas, de dónde vienes, porqué lo haces, etc,.Pero aquí no era el caso, era yo quien tenía que buscar el contacto y solo entonces, me preguntaban, a lo sumo, sobre mi país de procedencia. Quiero imaginar que su interés y acercamiento será mayor si en vez de ser una estancia itinerante se produjesen estancias más prolongadas en lugares concretos.
Hay otro aspecto negativo. Me refiero a la presencia permanente de personas que en cuanto detectaban mi presencia aparecían para ofrecerme algún tipo de servicio pero siempre de modo interesado, buscando a cambio una compensación en dinero. La excepciones fueron dos o tres, nada más. Desde ese punto de vista siempre me preguntaba dónde estaba la tan vitoreada hospitalidad de este pueblo. Y tienen sentido mis dudas porque era raro que alguien me diera una información sin querer unas monedas a cambio. Para mi esta actitud fue un problema y supuso una carga emocional negativa. Era todos los días y varias veces, constantemente, nada era espontaneo ni desinteresado así que acabé bastante harto de este asunto.
Y como ciclista, mi máquina era como un apéndice más de mi cuerpo. Cada día hay que hacer gestiones para el alojamiento, tiendas de comestibles, banco etc, y ello te obliga a prescindir de la bicicleta el tiempo necesario a la vez que debes de ocuparte de no perderla de vista. En realidad lo mismo que en cualquier otro lugar del mundo pero no deja de ser una preocupación más.
Y hablando de preocupaciones debo dejar claro que nunca he tenido la sensación de estar en un país peligroso, al contrario, la sensación de seguridad era real. Debo exceptuar los altercados con los chicos que me lanzaron una piedra porque fueron hechos aislados que nada tienen que ver con lo que pretendo transmitir.
A los ciclistas que se animen a ir a Marruecos, en general a viajeros de cualquier tipo, decirles que en temas de transporte, alimentación, horarios de apertura de establecimientos, comunicación telefónica o por Internet etc, lo tienen realmente fácil y barato. Desde el punto de vista de la logística es un país ciertamente amigable.
Tiene muchos contrastes paisajísticos, grandes eriales llanos de muchos kilómetros donde hay personas que viven un día a día que impresiona, y grandes montañas en la cordillera del Atlas donde cualquier alma sensible ha de quedar ensimismada contemplando el paisaje.
Tiene muchos contrastes paisajísticos, grandes eriales llanos de muchos kilómetros donde hay personas que viven un día a día que impresiona, y grandes montañas en la cordillera del Atlas donde cualquier alma sensible ha de quedar ensimismada contemplando el paisaje.
La visita a las dunas del Erg Chebbi es algo obligado. Son muchas las sensaciones buenas. Pisar descalzo la finísima arena, ver la salida del sol, viajar a lomos de un camello y viajar por las dunas, dormir en la jaima, recibir el sol de la mañana mientras regresas, los contrastes de colores y sombras en la arena o las cúspides de las dunas, que el viento hace que la arena trace una línea perfecta y sinuosa, como dibujada a mano por un lápiz mágico y caprichoso.
La coste de la vida es menor en Marruecos que en España. Se come bien y barato. El alojamiento también cuesta menos pero debo decir que ya iba advertido por otros internautas de la calidad hostelera que iba a encontrar. En general es mala, y la buena hay que ir a buscarla a las ciudades grandes. Con paciencia es posible encontrar la mayoría de las veces una relación calidad precio razonable. Para mi no representó un problema ya que soy persona que se adapta a casi todas las circunstancias con facilidad.
Viajando más de una persona se podría pensar en llevar tienda de campaña. No es que abunden los camping, pero si lo suficiente para que resulte rentable, aunque la calidad que ofrecen no parece ser la mejor en la mayoría de los casos. Y puede evitar que tengas que meterte un atracón de bicicleta buscando ese alojamiento que nunca aparece cuando ruedas por zonas de escasísima población, que dicho de paso, son bastantes. Ojo con las acampadas salvajes por Marruecos ya que dada la enorme curiosidad e interés de sus gentes será muy fácil que se vayan en peregrinación masiva hasta la tienda.
Lo que no cabe duda es que la componente de aventura está garantizada en un viaje por estas tierras.
Acabo ya. Dudo que alguien tenga la santa paciencia de leerse este blog. Me conformo con haber inoculado en una sola persona la curiosidad suficiente para que se anime a visitar Marruecos. Merece la pena ese país, pero lo realmente emocionante es viajar, no importa a qué lugar. ¡Ánimo!.
Lo que no cabe duda es que la componente de aventura está garantizada en un viaje por estas tierras.
Acabo ya. Dudo que alguien tenga la santa paciencia de leerse este blog. Me conformo con haber inoculado en una sola persona la curiosidad suficiente para que se anime a visitar Marruecos. Merece la pena ese país, pero lo realmente emocionante es viajar, no importa a qué lugar. ¡Ánimo!.
Gracias a todas y a todos los que os habéis interesado por mi y por el viaje.
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